Develando los misterios del veneno de las papas.

veneno de las papas

En 1924, la revista Science informó de un caso fatal de intoxicación causado por comer papas: James Matheney de Illinois, había almacenado una tonelada y media de tubérculos, que se habían vuelto verdes debido a la exposición a la luz solar. Dos días después de comer las papas, la mayor parte de su familia, esposa, dos hijas y cuatro hijos, mostraron síntomas de intoxicación; las únicas excepciones fueron James, que no había comido, y un bebé que era amamantado.

Su esposa, de 45 años, murió una semana más tarde, seguida por su hija de 16 años. Los otros cinco miembros de la familia se recuperaron.

Aunque estos casos de muerte son raros entre seres humanos, los animales de granja a menudo se enferman o mueren después de comer papas verdes. Los síntomas incluyen daños al sistema digestivo, así como la pérdida de sensación, alucinaciones y otros trastornos neurológicos.

La muerte puede ser causada por una interrupción de los latidos del corazón. Los culpables son las sustancias tóxicas solanina y chaconina, cuya concentración se eleva abruptamente debido a la exposición a la luz o durante la etapa de brotación, y protege a los tubérculos de insectos y enfermedades.

La solanina y la chaconina pertenecen a la gran familia de glicoalcaloides, que incluye miles de toxinas que se encuentran en pequeñas cantidades en otras plantas comestibles, incluyendo tomates y berenjenas.

Estas sustancias se conocen desde hace más de 200 años, pero sólo recientemente el Profesor Asaf Aharoni, del Departamento de Ciencias de las Plantas, ha comenzado a desentrañar la forma en que son producidas en plantas.

Él y su equipo han trazado el camino bioquímico responsable de la fabricación de glicoalcaloides a partir del colesterol. Sus resultados facilitarán el mejoramiento de cultivos libres de toxinas y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos comestibles a partir de cepas silvestres que actualmente contienen cantidades tan grandes de glicoalcaloides que son consideradas incomestibles.

Por otro lado, hacer que las plantas produzcan glicoalcaloides, en caso de no hacerlo, o aumentar su contenido de glicoalcaloides, puede ayudar a protegerlas contra enfermedades.

Hace dos años, en una investigación publicada en The Plant Cell, los científicos identificaron el primer gen de la cadena de reacciones que produce las glicoalcaloides. En un nuevo estudio, recientemente publicado en Science, ellos lograron identificar otros nueve genes de la cadena.

Esto lo hicieron utilizando el gen original como marcador y comparando los patrones de expresión de genes en diferentes partes de tomates y de patatas. La interrupción de la actividad de uno de estos genes, encontraron, impidió la acumulación de glicoalcaloides en tubérculos de patata y tomates. El equipo reveló entonces la función de cada uno de los genes y delineó toda la secuencia, que consta de diez etapas, en la cual las moléculas de colesterol son transformadas en glicoalcaloides.

Un análisis de los resultados produjo una idea interesante: la mayoría de los genes implicados están agrupados en el cromosoma 7 de la papa y del genoma del tomate. Tal agrupación aparentemente evita que las plantas pasen a su descendencia una cadena de producción de glicoalcaloides incompleta, lo cual podría resultar en la fabricación de productos químicos dañinos para las plantas.

La investigación fue realizada por el becario postdoctoral, el Doctor Maxim Itkin, quien trabajó con el Dctor Uwe Heinig, el Doctor Oren Tzfadia, Pablo D. Cárdenas, el Doctor Samuel Bocobza, el Doctor Sergey Malitsky y la Doctora Ilana Rogachev de laboratorio del Profesor Aharoni; así como la Doctora Tamar Unger, del Centro de Proteómica Estructural del Instituto Weizmann, y los científicos del Laboratorio Nacional de Química en Pune, India, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad de Wageningen de Países Bajos.

 
 
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