Hay ciencia detrás del consejo de “ponerse en los zapatos de otra persona”.

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Unos de los tratados de ética mas antiguos del pueblo hebreo incluye una cita de un sabio llamado Hilel. Hilel el sabio recomienda no pre-juzgar a otra persona hasta tanto no nos pongamos en su situación.

A partir de este dicho distintas versiones de esta sabiduría han dado la vuelta al mundo en distintos idiomas y configuraciones.

Ahora un estudio científico afirma que tratar de predecir las emociones de otras personas pueden alterar las emociones propias. Los responsables de estos hallazgos son investigadores de la Universidad Ben-Gurion del Negev y la Universidad de Columbia.
 
“En realidad, nunca podremos entender a una persona hasta que se vean las cosas desde su punto de vista o hasta que estemos en su piel.”

Resulta que considerar las cosas “desde los puntos de vista de otros” es algo que hacemos todo el tiempo. Esto es por ejemplo cuando tratamos de entender a nuestros amigos y familiares o al emular los comportamientos de aquellos que consideramos modelos de conducta.

Algunas profesiones como un actor o psicólogo o detective lo requieran con mas rigor.

Podemos recordar películas en las que un investigador intenta, “entrar en la mente” del criminal que están rastreando.

¿Es ficción o un hecho comprobable que “caminar en los zapatos” de otros en realidad altera nuestros propios sentimientos? Sera que logramos realmente parecernos de verdad a la persona cuya mente estamos tratando de entender?

Sorprendentemente, esta importante cuestión aún no ha sido resuelta por la investigación científica.
 
Según una nueva investigación dirigida por el profesor Kevin Ochsner de la Universidad de Columbia y su post-doctorante, el Dr. Michael Gilead de la Universidad Ben-Gurion del Negev, (que fue publicada recientemente en la revista PNAS), el intento de comprender las emociones de otros altera la respuesta de los mecanismos cerebrales implicados en la generación de la propia experiencia afectiva.

Esto proporciona evidencia de que tomar la perspectiva de otra persona cambia nuestro cerebro para experimentar los sentimientos que estamos tratando de simular.
 
En el estudio, se midió la actividad neuronal de los participantes mientras observaban imágenes sangrientas y se trato de predecir cómo otros dos individuos reaccionarían a estas imágenes.

Uno de los individuos cuyas emociones debían ser predecidas era emocionalmente duro y resistente, mientras que el otro era sensible y neurótico.

Los participantes recibieron incentivos monetarios para ser lo más precisos posibles al tratar de entenderlas emociones de estos dos individuos.
 
Los investigadores observaron la actividad neuronal en la amígdala, una región del cerebro que juega un papel crucial en la generación afectiva negativa.

Allí vieron que era menos activa cuando simulan las emociones del individuo mas duro y más activa cuando emulaban las emociones negativas de la individuo sensible.

Los investigadores también observaron un patrón de la actividad neuronal reciente descubierta del cerebro midiendo con precisión experiencia afectiva de los participantes.

Entoces vieron que esta medida objetiva de cómo se sentían los participantes, sugiere que los participantes de hecho “se sentían peor” desde la perspectiva de los individuos más sensibles.
 
En otras palabras, estos hallazgos sugieren que nuestro cerebro imita la respuesta afectiva presunta de los demás cada vez que tratamos de entender sus sentimientos, por lo tanto nos conduce a experimentar realmente esos sentimientos.
 
En el panorama general, esto podría significar que nuestra capacidad de “caminar en los zapatos de otro” puede traer consigo consecuencias afectivas deseables o indeseables, dependiendo de la persona y las emociones que estamos tratando de simular.

En el lado positivo, podría apoyar la capacidad de amigos para apoyarse empáticamente unos a otros, actores para sea auténticos en sus funciones, y policías para entender a los criminales que buscan.

También puede resultar en una herramienta útil para regular nuestras emociones, por ejemplo, preguntarnos qué haría una persona valiente ahora? y ayudarnos a hacer frente a tiempos de adversidad.
 

 
 
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