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¿Qué tan fácil es falsificar un recuerdo? Con un poco de presión social es suficiente.

Image Credits: Tachina Lee.

¿Qué tan fácil es falsificar un recuerdo? Una nueva investigación del Instituto Weizmann muestra que quizás un poco de presión social sea suficiente.

El estudio, publicado en Sciences, revela que cuando se forma un recuerdo falso, la actividad cerebral presenta un patrón particular que sorprendentemente parece indicar que existe una relación entre nuestro ser social y la memoria.

El experimento, dirigido por el Profesor Yadin Dudai y el estudiante Micah Edeldon del Departamento de Neurobiología del Instituto, con el Profesor Raymond Dolan y el Doctor Tali Sharot del University College London, se llevó a cabo en cuatro etapas.

En la primera, voluntarios vieron un documental en pequeños grupos. Tres días después, regresaron al laboratorio, de manera individual, donde se les realizó una prueba de memoria sobre el documental. También se les preguntó qué tan seguros se sentían de sus respuestas.

Posteriormente, los participantes fueron de nuevo invitados al laboratorio donde volvieron a hacer el examen mientras eran explorados en un IRMf (imagen por resonancia magnética funcional) que reveló su actividad cerebral.

En esta ocasión se les dio también un “salvavidas”: las supuestas respuestas de los otros participantes (junto con fotos de estilo red social).

Entre ellas se incluyeron respuestas falsas a preguntas que los voluntarios habían respondido de manera segura y correcta. Los participantes concordaron con el grupo en estas respuestas “plantadas”, contestando incorrectamente cerca del 70% de las veces.

¿Pero estaban cediendo simplemente a la presión social o sus recuerdos sobre el documental habían cambiado?

Para aclarar esto, los investigadores invitaron nuevamente a los sujetos a venir al laboratorio para volver a hacer una prueba de memoria. En esta ocasión se les dijo que las supuestas respuestas de sus compañeros habían sido en realidad generadas de forma aleatoria por una computadora.

Algunas de las respuestas fueron cambiadas a las originales y correctas, pero cerca de la mitad se mantuvieron incorrectas.

Esto implica que los sujetos se estaban basando en recuerdos falsos que fueron implantados durante la sesión anterior.

Un análisis de los datos de IRMf mostró diferencias entre la actividad cerebral correspondiente a los recuerdos falsos permanentes y la relativa a los errores temporales debidos a la presión social. La característica más impresionante de los recuerdos falsos fue una fuerte co-activación y conectividad entre dos áreas del cerebro.

El hipocampo y la amígdala. Se sabe que el hipocampo juega un papel clave en la formación de la memoria a largo plazo, mientras que la amígdala, a veces conocida como el centro emocional del cerebro, está relacionada con las interacciones sociales.

Los científicos creen que la amígdala puede actuar como puerta de enlace entre las partes de procesamiento social y de memoria del cerebro; su “aprobación” puede ser requerida para ciertos tipos de recuerdos que, al ser aprobados, pueden ser guardados en los bancos de memoria.

Por lo que se puede concluir que los estímulos sociales podrían influir para que la amígdala convenza a nuestro cerebro de reemplazar un recuerdo sólido por uno falso.

 
 

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