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El interruptor que detiene el viaje del cáncer

Créditos de las imagenes: BGU LatamIsrael.

Siempre hemos creído que la verdadera innovación en Israel no nace solo de la brillantez técnica, sino de una forma muy específica de terquedad. Lo vemos en este avance que llega desde el sur de Israel, liderado por los profesores Etta Livneh y Moshe Elkabets. No se trata de un titular más sobre «la cura del cáncer«, sino de algo mucho más preciso y estratégico: entender cómo el cáncer de mama más agresivo decide mudarse de lugar.

El problema de «hacer las maletas»

Para cualquier familia que ha enfrentado el cáncer de mama triple negativo, el miedo no es solo el tumor principal. La cirugía y la medicina actual son muy buenas extirpando lo que es visible.

El verdadero desafío, el que quita el sueño, es la metástasis. Es ese momento en que las células cancerosas deciden «hacer las maletas», viajar por el cuerpo y colonizar órganos vitales como los pulmones o el hígado.

Hasta ahora, sabíamos que esto pasaba, pero no entendíamos exactamente quién apretaba el acelerador.

PKC-eta: El conductor de la metástasis

El equipo de Livneh y Elkabets, junto con el investigador postdoctoral Liju Vijaya Steltar, ha identificado al culpable: una proteína llamada PKC-eta.

En su investigación, publicada hoy mismo en Signal Transduction and Targeted Therapy, demuestran que esta proteína funciona como un interruptor. Cuando los niveles de PKC-eta son altos, la célula cancerosa se vuelve móvil e invasiva.

Se une a otra proteína (YAP) y juntas activan un programa genético que le da a la célula permiso para desprenderse y migrar.

Lo fascinante es lo que ocurrió cuando los investigadores bloquearon esta proteína en sus modelos: los tumores no solo crecieron más despacio, sino que la metástasis se redujo drásticamente. Es como si le hubieran quitado el combustible al motor que permite al cáncer invadir el resto del cuerpo.

De la identificación a la herramienta

Lo que más nos gusta de este enfoque, y lo que siempre tratamos de transmitir en latamisrael Insight, es que no se quedaron en el diagnóstico.

El equipo encontró una solución potencial dentro del propio código genético: un péptido natural que tiene la capacidad de buscar a la PKC-eta y destruirla.

En los laboratorios, este péptido logró que el cáncer perdiera su capacidad de extenderse hacia los pulmones.

Como dice Elkabets, «esto abre una puerta real para desarrollar un fármaco que no solo trate el tumor, sino que actúe como una barrera contra la expansión de la enfermedad».

Por qué esto importa?

A veces nos perdemos en los datos científicos y olvidamos que detrás de cada proteína hay personas. Este descubrimiento es importante porque nos da dos herramientas nuevas:

  1. Un marcador para saber qué pacientes tienen más riesgo de desarrollar metástasis.

  2. Una posible terapia para detener ese proceso antes de que sea tarde.

Este es el tipo de ciencia que nos enorgullece compartir. Es directa, resuelve problemas críticos y nace de la colaboración entre investigadores locales e internacionales que se niegan a aceptar que una enfermedad sea «imbatible».

Falta camino para que esto llegue a la clínica, por supuesto, pero hoy sabemos mucho mejor cómo apagar el interruptor que permite al cáncer viajar. Y ese es un paso estratégico gigante para la medicina global.


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