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La adversidad estropea la percepción.

percepción

Image Credits: LoboStudio Hamburg.

Se dice que la adversidad incrementa nuestra sensibilidad haciendo que imágenes y sonidos sean guardados de formas más precisa en nuestra memoria.

Pero una nueva investigación del Instituto Weizmann, publicada en Nature Neuroscience, sugiere que lo que pasa en realidad puede ser exactamente lo contrario: percepciones aprendidas en situaciones adversas no son tan nítidas como aquellas adquiridas en otras situaciones.

Este descubrimiento, que sugiere que esta tendencia tiene su origen en la evolución de nuestra especie, podría ayudar a explicar cómo el síndrome de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad se desarrollan en algunas personas.

Para investigar el proceso de aprendizaje en condiciones desfavorables, el Doctor Rony Paz del Departamento de Neurobiología del Instituto, junto con su estudiante Jennifer Resnik, hicieron un experimento donde voluntarios aprendieron que ciertos tonos son seguidos por situaciones desagradable (por ejemplo, mal olor) mientras que otros por situaciones placenteras, o por nada.

Posteriormente, se examinó el umbral de percepción de los voluntarios, es decir, que tan capaces fueron de distinguir tonos “malos” o “buenos” de tonos similares.

Como se esperaba de estudios previos, en condiciones neutrales o positivas, la práctica aumentó la capacidad de distinción de tonos de los voluntarios.

Pero, sorprendentemente, cuando fueron expuestos a estímulos negativos, incluso molestos, su desempeño empeoró.

Las diferencias en el aprendizaje se debieron a diferencias muy básicas de percepción.

Después de aprender que un estímulo está asociado con una experiencia muy desagradable, los sujetos no pudieron distinguirlo de estímulos similares aunque, en condiciones normales ya lo habían logrado.

En otras palabras, independientemente de que tan eficaces son para aprender nuevas cosas, los sujetos que recibieron “incentivos adversos” experimentaron los dos tonos como si fueran el mismo.

Paz: “Probablemente esto tuvieran sentido en nuestro pasado evolutivo. Si previamente escuchaste el ruido de un león atacando, tu supervivencia podría depender de que un sonido similar te suene igual y cause en ti la misma reacción.

Tus instintos, entonces, te harán correr en vez de que te preguntes si el ruidos escuchado es el rugido de un león”
Paz cree que esta tendencia puede ser más fuerte en personas que sufren del síndrome de estrés postraumático.

Como ejemplo, señala los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York.

Muchas de las personas que atestiguaron el ataque a las torres sufren del síndrome de estrés postraumático, que para muchas de ellas puede ser desencadenado por edificios altos.

Racionalmente, ellos pueden saber que el edificio que están viendo no es similar a las torres gemelas, sin embargo a un nivel más fundamental, instintivo, ellos pueden percibir todos los edificios altos de una sola manera y así asociarlos con la terrible destrucción.

 

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